De entre las figuras relativamente recientes de nuestro mercado inmobiliario, las sociedades cotizadas de inversión inmobiliaria, SOCIMI, son sin duda las más destacadas. Tras los cambios legislativos de 2009, que transformaron la fiscalidad y capacidad de actuación de las sociedades que quisieran operar bajo la nueva normativa de SOCIMI, así como las condiciones de liquidez de sus acciones, las ventajas de inversión en las mismas han quedado patentes. Como resultado, numerossas sociedades se han ido incorporando en los distintos mercados bursátiles, ya sea para iniciar una nueva actividad en el ámbito inmobiliario, o en el caso de empresas consolidadas del sector, aprovechar las ventajas de acceder al mercado bursátil con las favorables condiciones de estas sociedades.

Con este trabajo de Maksym Melnyk: “La Vivienda en las Carteras de las Sociedades Cotizadas de Inversión Inmobiliaria”, que presentamos, se inicia una serie de publicaciones mediante las que Euroval y su Instituto de Análisis Inmobiliario, pretenden difundir y promover estudios de interés sobre nuestro mercado inmobiliario. En esta ocasión se analizan las SOCIMI españolas desde la perspectiva de su inversión en el sector residencial, y el peso que el mismo tiene en sus carteras, para que los inversores puedan identificar del abanico de sociedades disponibles, aquellas que se especializan o tienen un porcentaje significativo de su actividad en la vivienda.

 

 

El Banco de España, en su análisis: “Evolución reciente de las SOCIMI españolas” (18.8.2020), señala como características de las SOCIMI españolas, entre otras, las siguientes: Primero, el rápido crecimiento que ha llevado en 10 años de 2 a 90 sociedades, con una capitalización bursátil de 27.000 millones. Segundo, una elevada concentración, de manera que hay pocas sociedades de tamaño relativamente grande, y muchas pequeñas. En tercer lugar, las considerables diferencias que se observan por composición de balance y estructura de propiedad. Y, por último, destacan que la inversión en el sector residencial es reducida, un 11 por ciento de los activos.

Respecto a este último punto mencionado, una de las ventajas que ve el Banco en estas sociedades es la posibilidad de que aumente la inversión en residencial -bien mediante nuevas sociedades especializadas en vivienda, o aumento de estas en las carteras actuales- y se favorezca la oferta de vivienda en alquiler, moderando el incremento de precios. Y, desde la perspectiva del inversor, o ahorrador, son un instrumento de inversión en inmuebles con la ventaja de la diversificación, profesionalización en la gestión, y adecuada dimensión. Por otra parte, las SOCIMI se financian con emisiones de renta fija, alrededor del 32 por ciento de su pasivo, y préstamos bancarios, pero la vinculación con los bancos es limitada y no supone un riesgo sustancial ni para las entidades bancarias ni para las sociedades; asimismo, su carácter societario elimina el riesgo de tener que incurrir en ventas forzadas como ha ocurrido en ocasiones con fondos de inversión inmobiliaria.

Euroval ha sido desde el nacimiento de las SOCIMI sensible a las exigencias de conocimiento de valor que requieren estas sociedades, y el equilibrio entre la valoración de los activos y el papel que tienen principalmente como generadores de renta. Este interés, y la confianza en que se trata de una actividad de inversión inmobiliaria de indudable futuro, pese a las dificultades que actualmente afectan al sector, hace especialmente grato para nosotros presentar y difundir este trabajo.

 

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